VetySana

«Hasta que no hayas amado a un animal, una parte de tu alma permanecerá dormida»

Anatole France

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¿Te cuesta tomar decisiones?

Pilar Muñoz

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¿Te cuesta tomar decisiones?

Tomar decisiones es algo que debemos hacer cada día muchísimas veces. Se estima que a lo largo del día, las personas tomamos una media de 35.000 decisiones y tan sólo somos completamente conscientes de una pequeña parte de ellas. Concretamente, nuestro cerebro toma el 99,74% de las decisiones de manera automática, es decir, sin que realmente seamos conscientes de ellas. Algunas más sencillas como ¿qué ropa me pongo hoy? hasta otras más complejas cómo ¿quiero cambiar de trabajo?.

La cuestión es que esas decisiones van pintando nuestro camino de vida. En muchas ocasiones vivimos en piloto automático, y ¿qué es eso? que dejamos que las situaciones externas, las personas externas vayan tomando decisiones por nosotros por lo que vamos dejando en manos de otros nuestro destino.

Bronnie Ware, una enfermera de cuidados paliativos tras múltiples entrevistas a enfermos en últimos momentos a los que les preguntó de qué se habían arrepentido en su vida llegó en su libro Los cinco mandamientos para tener una vida plena a las siguientes conclusiones:

  1. Ojalá hubiera tenido el coraje para vivir una vida auténtica por mí mismo, no la que otros esperaban de mí.
  2. Ojalá no hubiese trabajado tanto (esto desgraciadamente más acusado en el ámbito masculino).
  3. Me hubiese gustado expresar mis sentimientos. Esto sería igual a no vaciar la columna de la izquierda que explicaré en otra entrada.
  4. No me he mantenido en contacto con mis amigos. Casi todos los moribundos extrañan a sus amistades en sus últimos momentos.
  5. Desearía haberme permitido ser más feliz. La felicidad no es más que una elección. 

Otra de los grandes: Elisabeth Kübler Ross, psiquiatra de enfermos terminales comenta en su libro La rueda de la vida, que el libre albedrío es el mayor regalo que recibió el hombre al nacer en el planeta Tierra. En todo momento debemos escoger entre varias posibilidades, en lo que decimos, hacemos y pensamos y todas las elecciones son terriblemente importantes, ya que cada una afecta a todas las formas de vida del planeta. 

Una vez me dijo mi maestra: “Pilar, a partir de ahora que todas las decisiones de tu vida sean tomadas desde el corazón”. Y así lo hago. El corazón no se equivoca, puede ser que el camino que elige conlleve aprendizajes camuflados en forma de errores. Pero algo dentro de ti te dirá que estás en el camino. Cuando usamos la mente exclusivamente para elegir entre varias opciones puede ocurrir una incoherencia que al final desemboca en estrés, ansiedad o simplemente falta de motivación de lo que estamos haciendo. Ya que la coherencia se basa en que lo que pensamos, sentimos, decimos (o nos decimos) y hacemos van en la misma dirección. Por ejemplo, si elegimos un trabajo que no nos gusta sólo valorando su horario o su sueldo, es posible que al principio nos auto engañemos diciendo que merece la pena, que aunque en el trabajo no estas feliz, luego en tu casa sí. Pero al final esto acaba saliendo por alguna parte, ya sea a nivel emocional o incluso físico, porque no podemos ser una persona super feliz en un apartado de nuestra vida y amargada en otro, sin pagar un precio por ello. Al final esa amargura producida en el trabajo se va arrastrando a otras parcelas de tu vida como si fuera un cáncer, que se extiende y no hay manera de pararlo. Y llegado el momento, la vida te para, tu mente o tu cuerpo se paraliza de alguna manera y te preguntas ¿cómo he llegado a esto?, ¡no me reconozco!. Este fenómeno se llama despersonalización y suele estar asociado a distres o ansiedad prolongados en el tiempo.

Imagínate en tu lecho de muerte, sól@ o acompañad@, en un ambiente más o menos agradable. Ese día estás tumbad@ en una cama, ya sea de un hospital o de tu casa en la que sabes que ya vas a dar tu último suspiro. Y te preguntas: ¿Qué te ha quedado pendiente por hacer? ¿qué sueños nunca se cumplieron? ¿quién tomó las decisiones de tu vida?. Hace poco estuve trabajando en un instituto y les preguntaba a los estudiantes de segundo de bachillerato. ¿Cuál es vuestro sueño? y desgraciadamente, algun@s compartían el sueño de sus padres, el discurso que ell@s tenían sobre las profesiones con más salida, o con más prestigio. No me pude contener y a pesar de saber que eso podría conllevar un conflicto familiar, les decía nuevamente: «vale, hasta ahora me has contado cuál es el sueño de tus padres, ahora te pregunto: ¿cuál es el tuyo?«. Porque al final creo que la vida les enfrentará más de una vez a esa pregunta, y de hecho cuando hice las prácticas de profesora de secundaria me encontré con más de un veterinario y biólogo estudiando un módulo después de sus muchos años de carrera porque “tenía más salida”. No digo que tengamos que tener un sueño fijo, o que éste no vaya cambiando a lo largo de nuestra vida por diferentes intereses o circunstancias, esa es la riqueza de la vida, la maravillosa impermanencia. Hablo de algo mucho más profundo, hablo de ser coherente en cada cosa que haces, de ir en sintonía con la banda sonora que gobierna tu vida y que sólo tú eliges. A veces el sueño como tal se va modificando, se va haciendo más factible y real o incluso cambia completamente, pero lo realmente interesante es ese camino, ese proceso, todo lo que te llevas contigo. Cuando nos muramos, que esa es la única certeza de la vida, perderemos todo lo material, todo lo físico, pero quedarán todas las experiencias que tuvimos, todas las personas con las que compartimos y todas las almas a las que ayudamos. Por eso, tal como les hacía esas preguntas a mis alumnos me la preguntaba a mí misma, y vi clara mi incoherencia, ¿qué hacía yo dando clases de biología en un instituto? ¿es ese mi camino? ¿es ese mi sueño?. No digo que no pueda ser feliz haciéndolo, pues tengo herramientas para convertir la mierda en barro antiarrugas para la piel, pero no puedo vender algo que yo no hago, ahí está mi incoherencia. Si me dijeran que mi tarea era ayudar a los chiquillos a gestionar sus emociones, a autoconocerse, pues le encontraría más sentido, pero decirme que le tengo que explicar el enlace glucosídico a un adolescente que va a vomitarlo en un examen y lo olvidará para el resto de su vida, NO, no puedo pasar por eso. No en este momento de mi vida.

Al escribir estas líneas, me siento plena, me siento útil para ti que lo estás leyendo y éste es parte de mi camino, no sé a dónde llegaré, ni a cuantas personas, ni si toooodos mis sueños que te aseguro son muchos se materializarán, pero si consigo conmoverte, si consigo hacerte reflexionar y ayudarte a llevar una vida más plena y con más consciencia, me doy por más que satisfecha.

El corazón siempre te guía sinceramente a la decisión más sabia. El cerebro sólo se debe usar para poner en práctica las decisiones que tomamos con el corazón y han sido filtradas por el estómago. Cuando el corazón gobierna, nada te puede parar porque estás en sintonía con tu alma. A veces ocurren cosas mágicas, sincronicidades, de pronto aparece en tu vida alguien que te dice esa frase que necesitas escuchar para tomar impulso, y empiezas a fluir con la vida, y la vida contigo.

A veces no es cambiar de trabajo, no es cambiar de familia, no es cambiar lo que ahora mismo está siendo, el cambio es mucho más interno. Como escribió el increíble Victor Frankl: “cuando ya no podemos cambiar una situación, tenemos el desafío de cambiarnos a nosotros mismos”.

¿Y tú? ¿Te atreves a tomar esa decisión?

Te dejo este vídeo que me encanta.

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